Características de la flora y fauna del río Paraná

Características de la flora y fauna del río Paraná

Texto: Gustavo Aparicio – Imágenes: Marcelo Canevari.

El sistema ribereño Paraguay-Paraná es un corredor natural de 3.400 Km. de largo que nace en las proximidades de la Amazonía y desemboca en el Río de la Plata, atravesando ecosistemas muy diferentes: selva tropical lluviosa, bosques caducifolios, parques y pastizales. La pendiente general norte-sur determina que exista mayor superficie de tierras altas hacia las nacientes y de tierras bajas e inundables hacia la desembocadura.
El Río Paraná conforma un corredor biológico que permite el ingreso de especies subtropicales en zonas de clima templado. La flora y fauna nativas también utilizan este corredor, y también lo hacemos los humanos, baste decir que el 80 % de la población argentina vive en las márgenes de los grandes ríos.
El flujo del Paraná trae nutrientes, sedimentos en suspensión, semillas, huevos y numerosos organismos que circulan y se reproducen en el río y cerca de el. Permite el intercambio genético de la flora y de la fauna que es arrastrada desde lugares distantes y se encuentra con individuos de su misma especie que habitan en mayores latitudes. Por eso en toda la cuenca hay especies comunes; una semilla de seibo que caiga de un árbol en Formosa puede llegar flotando al delta santafesino y  germinar allí. Este milenario flujo genético impidió el desarrollo de “endemismos” o especies exclusivas de un sitio. Para comprender mejor este fenómeno hay que decir que el Paraná no corre aislado sino que va integrando especies propias de los ambientes que atraviesa, de la Selva Paranaense, del Chaco, del Espinal Mesopotámico y del Pastizal Pampeano, favoreciendo la existencia de ambientes “ecotonales” o zonas de contacto, que reúnen mayor diversidad de especies.

Sin embargo, y debido principalmente a factores climáticos, la riqueza de especies disminuye desde las nacientes hacia la desembocadura en el estuario llamado Río de la Plata. Un claro ejemplo son los peces: mientras que en el Pantanal se identificaron más de 350, en el Delta del Paraná se reconocieron sólo 230 especies.
La continuidad del río se manifiesta en una vegetación característica que lo acompaña aún cuando éste atraviesa regiones naturales muy distintas, extendiendo hacia el sur la vegetación subtropical, que en el caso del río Paraná está relacionada con la selva amazónica. Lo mismo ocurre con otros grupos de seres vivos como aves, reptiles y mamíferos, que también provienen de la Amazonía, mientras que en el Alto Paraná y en la Cuenca de río Uruguay encontramos especies más propias de las selvas atlánticas del sur del Brasil.
Además de los bosques ribereños y de las islas, el valle de inundación del Paraná está compuesto por un mosaico de ambientes interconectados por los pulsos de creciente y bajante, los cuales a su vez dependen del nivel de lluvias ocurrido en las nacientes y del manejo que se realice de las represas hidroeléctricas ubicadas aguas arriba.
Las inundaciones periódicas producen situaciones que complican la vida de muchos animales; tanto que en ocasiones tienen que mudarse y comenzar de nuevo en otro sitio; pero también permiten la expansión de especies hidrófilas o “amigas del agua”, a la vez que limitan el desarrollo de las especies que requieren poca humedad. Así, cada creciente reacomoda el paisaje y redistribuye animales y plantas. Ellos están adaptados a estos pulsos y pueden sobrevivir en distintas condiciones ambientales. También pueden migrar antes de la época de mayor ocurrencia de inundaciones, hacia fines del verano y principios del otoño.
Así como los isleños del Litoral construyen sus ranchos sobre pilotes, los animales que no pueden volar o nadar grandes distancias trepan a sitios altos durante las crecientes. Esto ocurre con el Ciervo de los Pantanos (Blastocerus dichotomus), Gatos Monteses (Oncifelis geoffroyi), Víboras Yarará (Bothrops alternatus), Cuises (Cavia aperea), Comadrejas Overas y Coloradas (Didelphis albiventris y Lutreolina crassicaudata) y Lagartos Overos (Tupinambis merinae), por citar sólo algunos ejemplos. En la actualidad, también hay vacas y caballos que se apiñan en los albardones costeros.

Tanto en la orilla del río como en el borde de las islas, existen albardones creados por la sedimentación ocurrida durante las  crecientes.
Los albardones son las partes más altas de las islas y a partir de ellos sobreviene un gradiente topográfico descendente que culmina en lagunas centrales. Estas lagunas suelen ser extensas, están sujetas a inundaciones y se llenan y  desagotan mediante arroyuelos que atraviesan el albardón perimetral. De esta forma, las zonas bajas interiores actúan como reguladores hídricos que retienen el agua como esponjas, para devolverla lentamente al río a través de arroyos esporádicos.
La vegetación de los albardones varía según la latitud en que se encuentren. En el “Bajo Paraguay” ocurre una selva que incluye grandes árboles como el Timbó Blanco (Enterolobium contortisiliquum), Ibirá-pitá (Peltophorum dubium), Lapacho Rosado (Tabebuia impetiginosa), Zapallo Caspi (Pisonia zapallo) y Palo Mora (Chlorophora tinctorea). En el Paraná Medio, en cambio, la vegetación del albardón está compuesta por bosques en galería más bajos, que también incluyen Timbó Blanco y Timbó Colorado (Albizia inundata), además de Sangres de Drago (Croton urucurana), Seibos (Erythrina crista-galli) y Curupíes (Sapium haematospermum). En el Delta Superior y en el Delta Medio surge el bosque fluvial mixto, formado por bosques monoespecíficos de Sauces Criollos (Salix humboldtiana) o Alisos de Río (Tessaria integrifolia), con presencia de Canelones (Myrsine laetevirens y M. parvula) y Laureles (Nectandra falcifolia y Ocotea acutifolia),  mientras en el Delta Inferior se destaca la selva en galería o “Monte Blanco”, actualmente relictual, que incluye a las Palmeras Pindó (Syagrus romanzoffiana), Ingáes (Inga vera) y Anacahuitas (Blepharocalyx salicifolius), entre otras especies. Aquí puede hallarse a la Pava de  Monte (Penelope obscura), recorriendo las copas en busca de frutos, gran ave parecida a un pavo, por lo que es intensamente cazada.
En las islas nuevas se asientan extensos sauzales, bosques de alisos de río y ceibales.
En cuanto a los animales, los mamíferos más representativos de los albardones del norte son el Mono Aullador (Alouatta caraya), el Coatí (Nasua nasua), el Zorro de Monte (Cerdocyon thous), el Pecarí Labiado (Tayassu pecari), el Pecarí de Collar (Pecari tajacu) y el Murciélago Pescador Grande (Noctilio leporuinus). En el Paraná Medio y Delta Inferior los mamíferos distintivos son el Ciervo de los Pantanos, la Comadreja Overa y el Lobito de Río (Lontra longicaudis).
Las planicies bajas e inundables que se extienden después de los albardones  se conocen como “media loma”. En el sector norte aparecen comunidades de plantas capaces de soportar condiciones hidrológicas fluctuantes, como los arbustales de Espinillos (Acacia caven), de Carpincheras (Mimosa pigra y otras plantas del mismo género) y los Chilcales (Baccharis spp.). Al bajar la loma acercándonos a la laguna, surgen matorrales de Sarandí (Phyllanthus sellowianus y Cephalanthus glabratus), de carda (Eryngium spp.) y pastizales de Paja de Techar (Panicum prionitis) y Cortadera (Cortaderia selloana). Posados sobre estos grandes pastos suelen encontrarse aves granívoras como el Verdón (Embernagra platensis) y los Corbatitas (Sporophila caerulescens, S. collares y S. hypoxantha), aunque también aves insectívoras que utilizan las espigas de los pastos como atalayas para detectar insectos que pasen cerca, es lo que hace el Pico de Plata (Hymenops perspicillatus).
Por este ambiente deambulan mamíferos notables como el Aguará Guazú (Chrysocyon brachyurus), un cánido silvestre que es intensamente cazado porque se lo asocia con la leyenda del lobizón, y se encuentra en peligro de extinción, y el Aguará-popé (Procyon cancrivorus), mapache sudamericano de hábitos nocturnos cuya huella semeja la mano de un niño pequeño.
En horarios vespertinos, pastando en algún claro rodeado de árboles, puede encontrarse al Guazuncho (Mazama gouazoupira), un pequeño y gracioso ciervo.
Los bajos centrales ubicados a continuación de la media loma, se encuentran rodeados por comunidades de herbáceas hidrófilas que también varían según la región y el nivel de anegamiento en el que crezcan. En el Delta Superior y Delta Medio encontramos Catayzales (Polygonum spp.), Verdolagales (Ludwigia peploides, Henydra anagallis) y Canutillares (Panicum elephantipes,Paspalum repens) que en el Delta Inferior son reemplazados por pajonales de Paja Brava (Scirpus giganteus), Espadaña (Zizaniopsis bonariensis ) o Totora (Typha latifolia).
En los cuerpos de agua interiores pueden verse plantas flotantes como los Camalotes (Eichhornis azurea, E. crassipes y Pontederia rotundifolia y P. cordata), Camalotillos (Nymphoides indica) y el impresionante Irupé (Victoria cruziana).
Los mamíferos característicos de este ambiente son roedores acuáticos como el Carpincho (Hydrochaeris hydrochaeris), el Coipo (Myocastor coypus) y la nadadora Rata Colorada (Holochilus brasiliensis).
Entre las aves destacan zancudas como las Cigueñas (Ciconia maguari, Mycteria americana, Javiru mycteria), el Cuervillo de Cañada (Plegadis chihi), el Carau (Aramus guarauna)  y las garzas Blanca, Mora, Bruja y Azulada (Ardea alba, A. cocoi, Nycticorax nycticorax y Butorides striatus).
En los espejos de agua se zambullen en busca de peces el Biguá y el Biguá Víbora (Phalacrocorax brasilianus, Anhinga anhinga), pero también lo hacen los Macaes (Rollandia rolland, Podilymbus podiceps y Podicephorus major) y las tres especies de Martín Pescador presentes en la Argentina: el Grande, el Mediano y el Chico (Megaceryle torquata,Chloroceryle amazona, C. americana).

Son abundantes las caminadoras Gallinetas (Laterallus melanophaius, Aramides ypecahaPardirallus sanguinolentus), y  en los espejos de agua nadan patos como el Cutirí (Amazonetta brasiliensis), el Capuchino (Anas versicolor), el Sirirí Pampa (Dendrocygna viduata), el Sirirí Colorado (Dendrocygna bicolor) y el Picazo (Netta peposaca), tanto como las Gallaretas (Fulica leucoptera, F. armillata, F. rufifrons)
Con respecto a los anfibios, dentro de las veintisiete especies presentes encontramos a la Rana Criolla (Leptodactylus ocellatus), el Sapito Cavador (Chaunus fernandezae) y varias especies de Ranitas Trepadoras (Hyla pulchela, Argenteohyla siemersi, Scinax fuscovarius y S. berthae).
Entre los reptiles se destacan varias culebras y dos especies de tortugas acuáticas (Trachemys dorbigni, Hydromedusatectifera), además de una gran boa acuática, amarilla y negra, conocida como Curiyú (Eunectes notaeus).
La fauna de vertebrados acuáticos propia del Río Paraná está compuesta, lógicamente, por peces. Aunque algunas de sus especies son de origen marino como las Rayas (Potamotrygon motoro, P. brachyura), el Lenguado de río (Catathyridum jenynsii) y la Corvina de río (Pachyurus bonariensis). El principal origen de dispersión es el Amazonas: de allí provienen los Characiformes, peces de diferentes formas, tamaños y comportamientos que tienen en común la presencia de escamas y una pequeña aleta adiposa ubicada detrás de la aleta dorsal. Este orden incluye  a peces de gran importancia cultural y económica para la región, porque  sustentan la pesca artesanal y deportiva. Así ocurre con el Sábalo (Prochilodus lineatus), la Boga (Leporinus obtusidens), el Pirá-pitá (Brycon orbygnianus), el Dorado (Salminus brasiliensis), numerosas Mojarras (Astyanax sp.), el Pacú (Piaractus mesopotamicus) y la Tararira (Hoplias malabaricus).
El otro gran orden de peces presentes en el Río Paraná es el de los Siluriformes, peces sin escamas, con la piel desnuda o cubierta de placas que normalmente presentan barbillas y cuyos primeros radios de las aletas pectorales, se endurecen formando púas. En este grupo se encuentran los grandes peces del río, como el Manguruyú (Paulicea luetkeni) y los Surubíes: el Manchado (Pseudoplatystoma coruscans) y el Atigrado (Pseudoplatystoma fasciatum). También encontramos en el río peces con placas como los Cascarudos (Callichthys callichthys), las Viejas de Agua (Hypostomus y Rhinelepis) y los Armados (Pterodoras granulosus), bagres cazadores como los Manduvás (Ageneiosus brevifilis) y los Patíes (Luciopimelodus pati), siendo los Bagres detrítivoros (Parapimelodus y Pimelodus), los más abundantes.

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