Reflexión: Un año agridulce

Terminamos un año agridulce.

Se crearon y están en proceso de creación nuevos parques nacionales y la ley de Presupuestos Mínimos en Áreas Protegidas; aumentó el porcentaje de territorio argentino protegido por áreas públicas y privadas y nuestra Fundación avanzó en lo institucional, técnico y patrimonial. Pero, pese a su jerarquización ministerial, la política ambiental está subordinada a los intereses económicos, por eso no hay ley de humedales, por eso la ley de glaciares no es oficialmente considerada, por eso las represas de Santa Cruz, por eso el tema del zoo porteño, etc.

Y sobre esta realidad, el imperio de la división entre los argentinos, la lógica amigo/enemigo que no sólo intoxica la vida política, sino también nuestras conductas individuales y grupales en la convivencia cotidiana.

Este año queremos brindar por todo lo bueno que pasó en 2017 y por la posibilidad de erradicar de nuestras conciencias y corazones, en 2018, el odio que no nos deja crecer, o por lo menos, mitigar sus efectos. Es lo que nos pide el papa Francisco, es lo que nos cuesta hacer.

El año que termina fue más agrio que dulce; hagamos que el que empieza sea más dulce que agrio, especialmente para los más pobres y vulnerables.

Felices Fiestas.